Aprendemos de la naturaleza

Creemos que la posibilidad de encontrar belleza es mayor si no trabajamos pensando en ella directamente. La belleza en la arquitectura está impulsada por la practicidad. Esto aprendemos al estudiar la naturaleza, la arquitectura vernácula y los viejos paisajes urbanos. Estamos convencidos de que un buen edificio debe ser capaz de absorber los rastros de la vida humana, saber envejecer y adquirir una riqueza específica con el paso del tiempo.